29.12.09

El hermano cirial: Historia de la Hermandad del "Abuelo" de Jaén




El Convento de San José, de los PP. Carmelitas Descalzos, abrió sus puertas el 5 de junio de 1588. Se fundó gracias a la generosidad del canónigo Juan Pérez de Godoy, que cedió
unos huertos, cuatro casas y un molino aceitero en el arrabal de Santa Ana, a las afueras de la Puerta de Granada, para que se levantase iglesia y convento y a la protección del obispo don Francisco Sarmiento de Mendoza (1580-1595), que medió para ello con el P. Jerónimo Gracián.
Con el apoyo del Concejo de la ciudad, se construyó la iglesia, colocándose el Santísimo en su capilla mayor el 3 de febrero de 1619. El complejo conventual, que fue durante muchos años noviciado y casa de formación, respondía arquitectónicamente al patrón típico de los monasterios carmelitanos.

El templo, de una sola nave, se cubría con bóveda de cañón decorada con cornisa y lunetos. A sus pies contaba con amplio coro y un grupo de confesionarios embutidos en el muro. La capilla mayor disponía de retablo con la imagen de la Virgen del Carmen. Repartidos por la iglesia había
altares con retablos dedicados a Santa Teresa, San Juan de la Cruz, San Juan Nepomuceno y San Alberto. También hubo muchas pinturas de tema carmelitano, sobresaliendo entre los lienzos uno de Nuestra Señora de la Capilla. Desde 1741, en un altar que antes fue de N. P. Jesús, se veneró la imagen de Nuestra Señora de las Angustias que hoy vemos en la Catedral.
Al costado de la iglesia estaba el monasterio, organizado en torno a un bello patio claustral donde pusieron mano el arquitecto Eufrasio López de Rojas y el cantero Pedro Conde. Todo el conjunto se prolongaba con diversas dependencias auxiliares y de servicio hasta el convento de Santa Ana y el puente del mismo nombre.

Tan pronto como se abrió el convento los carmelitas quisieron implantar el culto a Jesús Nazareno, tan propio de la orden. Para ello, en unión de algunos labradores del barrio, recogieron limosnas con las que adquirir una imagen del Nazareno. Desconocemos que escultor la talló, aunque hay fundados motivos para creer que su autoría se corresponde con el taller de Sebastián de Solís.
La imagen despertó tanta devoción, que en fecha imprecisa entre los años de 1588 a 1594 se fundó para su culto una cofradía que en principio se conoció por “Cofradía de Santa Elena”, “de las Cruces” o de “los Nazarenos” que se dio en procesionarla penitencialmente en la amanecida del Viernes Santo. En la fundación intervino Juan de Orozco Godoy, familiar del Santo Oficio.

A influjos de su devoción, un jaenés emigrado al Perú, el capitán Lucas Martínez de Frías (1616-1677), por su testamento otorgado en Lima, hizo depositario a su hermano Diego de Frías Montemayor de un legado de dos mil pesos de plata para que con él se hiciera una capilla a Jesús Nazareno y para alumbrarla una lámpara de plata.

Las obras, con traza del arquitecto Blas Antonio Delgado y dirección del maestro Antonio Martos, se iniciaron en 1687. Como pronto se agotó el legado, hubo que buscar ayudas del Ayuntamiento, de la Cofradía y de algunos devotos, e incluso se celebraron varias corridas de toros para aumentar la recaudación. Y el 31 de julio de 1717 se inauguraba la nueva capilla de Jesús Nazareno, cuyo patronazgo se encomendó a la familia Frías. Esta capilla la presidía un retablo cuya traza hizo Andrés Bautista Carrillo y de cuya labra se ocupó el entallador Francisco Sanz, acabándolo Domingo Fernández de Burgos. Era un retablo parecido a los que hoy vemos en Nuestra Señora de la Capilla y en la capilla de la Inmaculada o Santa Capilla de San Andrés. La
imagen del Nazareno se colocó en un camarín, cuya caja volaba sobre la calle colindante.

Más tarde, se abrió otra pequeña capilla para la Virgen de los Dolores y nichos para las imágenes de San Juan y la Verónica.

Bajo la capilla se dispuso una amplia cripta, con tres estancias, donde recibían sepultura los miembros de la familia Frías y los cofrades de N. P. Jesús.

Tras muchos años de esplendor, las desamortizaciones puestas en práctica en 1811 y 1821, cerraron el convento que se convirtió en Colegio Militar de Cadetes y viviendas militares, aunque se respetó la iglesia que como “iglesia auxiliar del Sagrario”, mantuvo el culto a N. P.
Jesús.

Aunque se consiguió reabrir el convento gracias a la intervención de Fernando VII, en 1835 la Desamortización decretada por el ministro Mendizábal lo cerró definitivamente, destinando la iglesia a cuartel del Regimiento Provincial de Murcia, por lo que N. P. Jesús hubo de ser trasladado al Sagrario.

En 1849, el edificio se vendió al Conde de Humanes que dividió el amplio monasterio en siete fincas. En el núcleo central del Convento organizó su vivienda señorial. A la iglesia y capilla de N. P. Jesús se le añadió un cuerpo en la fachada, se le colocaron forjados y tabiques y quedó convertida en casa de vecindad donde se instaló la Comandancia de la Guardia Civil. Luego, en 1926 se transformó en casa de vecinos.

Afortunadamente al no hacerse demolición alguna, la iglesia y la capilla quedaron integradas, aunque ocultas, en el conjunto de aquel inmenso caserón.

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