20.1.10

Hermandad de San Sebastián.Patrón de Lanjarón


La hermandad del Santo Patrón data del siglo XVI. En el inventario general de la Real Chancillería de Granada, volumen 1185, y titulado Libro de Constituciones, asientos de hermanos, entregas de bienes, elecciones y cuentas del Señor San Sebastián se dice que el día 15 de marzo de 1669, se reúnen los cofrades de la hermandad de San Sebastián de Lanjarón dentro de la parroquia, bajo la presidencia de un beneficiario, cuyo nombre no consta, y los mayordomos salientes Francisco Álvarez y Gaspar Jiménez, los entrantes Simón Bueno y Lorenzo Villaverde, para redactar nuevas Constituciones, ya que las primitivas habían desaparecido.

La ermita de San Sebastián se reconstruyó tras el patronazgo de San Sebastián en Lanjarón en 1804 que benignamente concedió el Papa Pío VII.

En el año 1996 se llevó a cabo la restauración del patrón por el escultor D. Antonio Barbero Gor, y así mismo se tiró el tejado de la ermita y se levantó uno nuevo, gracias a los donativos de la gente del pueblo y con la ayuda del Excmo. Ayuntamiento de Lanjarón, siendo alcalde D. José Antonio Ramos Muñoz. Tras el término de la restauración, el Santo patrón fue llevado a su ermita en procesión por la gente del pueblo , al siguiente Domingo de su fiesta local el día 26 de Enero.

Este día recoge una de las tradiciones más hermosas con las que cuenta la localidad, se trata de la "Alborada", que la madrugada antes de esta festividad, así como de nuestra Señora del Rosario, patrona de lanjarón, reune a un grupo de pulso y pua, y a numerosos vecinos, los cuales van cantando de hornacina en hornacina y de ermita en ermita, hasta llegar a la iglesia, donde se le canta al parroco. Lanjarón es un pueblo en el cual no queda calle alguna sin hornacina o ermita, y así se recorren todas las calles, y en el silencio de la noche resulta muy bonito escuchar los cantos que desde hace siglos dedican a cada imagen, pues aunque la música siempre es la misma, cada letra es diferente.Es una noche que mantiene nerviosos a muchos niños, pues esperan que sus padres los despierten cuando llegan a su calle. A mí me trasporta a mi infancia, y recuerdo cuando mi madre me despertaba y nos asomabamos a la ventana de su habitación para escucharlos.Desgraciadamente cada vez se ve menos gente joven en la Alborada, y está en peligro de extinción, y realmente es una pena, pues es una tradición con varios siglos de antiguedad.

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